Gracias por tu visita

Desde el rincón para reflexionar te pedimos tu apoyo, sólo te pedimos que nos ayudes con los anuncios para poder seguir adelante con nuestro trabajo y seguir creciendo.
Un solo clic en un anuncio nos ayuda mucho para seguir adelante.
Y si te gusta el contenido danos un Like

"Un pequeño esfuerzo equivale a un gran resultado"
Gracias por tu ayuda
siguenos en facebook

ME GUSTA

domingo, 27 de diciembre de 2015

Odio y rencor













He conocido a muchas personas que dicen y aseguran  odiar o sentir rencor hacia su ex pareja, el hijo o el padre que le abandonó, los políticos, los curas, los extranjeros…
En fin, la lista de personas que se pueden odiar es prácticamente infinita.

Muchas veces estas personas tienen una razón de base, de una u otra forma, se han sentido abandonados o engañados y esto ha despertado ese sentimiento negativo tan fuerte.
Lo curioso es que todos ellos piensan que al odiar, le están haciendo daño al otro. No se dan cuenta de que se están haciendo daño a sí mismos.
El rencor y el odio son dos sentimientos muy profundos que se arraigan y terminan desequilibrando nuestra mente y cuerpo. Porque cualquier sentimiento negativo que experimentemos,
sobre todo si está presente durante años, termina pasándonos la cuenta y volviéndose contra nosotros.

El odio y el rencor, a la larga, es un profundo resentimiento y se basan en la necesidad de decir algo que jamás se ha podido expresar (o al menos no con la intensidad que la persona desearía).
La persona, de cierta forma, se siente defraudada y comienza a generar dentro de su mente una serie de ideas negativas contra ese enemigo.
Con el paso del tiempo, estas ideas aumentan su intensidad y pueden provocar numerosos problemas, desde la ansiedad hasta enfermedades psicosomáticas

De una forma u otra, lo cierto es que ir por la vida cargado de odio y rencor es como tener que llevar siempre un pesado fardo a nuestra espalda que no nos deja ser del todo felices.
Entonces, además de albergar sentimientos negativos, te estás negando la oportunidad de ser feliz. En resumen, lo veas por donde lo veas, estos sentimientos no generan nada positivo.
Por eso lo mejor es trabajar para canalizarlos y eliminarlos de una vez y por todas




¿Cómo eliminar el odio y el rencor?

1.Habla con la persona que te ha ofendido y cuéntale cómo te has sentido. En el caso de que no puedas hacerlo, puedes utilizar la técnica de la silla vacía.
En práctica, te colocas delante de una silla e imaginas que allí se encuentra esa persona. Dile todo lo que piensas. Te aseguro que se trata de una técnica con un elevadísimo poder catártico, te sentirás muchísimo
mejor cuando termines.

2. Acepta la imperfección. Tanto las personas como las organizaciones son imperfectas y no siempre pueden satisfacer todas tus necesidades y expectativas. Es importante aprender a vivir con eso.

3. No te conviertas en juez. Detrás del odio y el rencor casi siempre se esconde un juicio y la sensación de que eres mejor que la otra persona (la que cometió el error).
En realidad, todos somos diferentes. Aprender a juzgarnos solo a nosotros y no ir por la vida vistiendo la toga del juez no solo te ayudará a eliminar estos sentimientos negativos sino que te hará mucho más feliz.

4. Acepta que todo cambia. El mundo está en continua transformación y las personas con él. Quizás no te has dado cuenta de que esa persona ha cambiado, solo porque estás demasiado
imbuido en la imagen que te has construido de él y que ya no se corresponde con la realidad.

5. Aprende a dejar ir. En la vida nos pueden pasar muchas cosas que consideramos injustas. A veces, lo mires por donde lo mires, es difícil encontrarle el lado positivo.
En esos casos, lo mejor es dejar ir el rencor y el odio.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Me gustas









No puedo seguir negando que cada vez que te miro, mi corazón se pone a latir de manera desenfrenada y me siento bien, porque tienes el poder de hacer que todo a mi alrededor se ilumine.
Fueron tantas las veces en que quise acercarme y que te dieras cuenta de lo que me haces sentir, pero supongo que nunca tuve el valor suficiente como para hacerlo.

A pesar de todo, quiero atreverme a expresar cuanto me gustas y de lo que siento al tenerte cerca. Puede que te parezca una locura, algo irracional tal vez. Lo cierto es que no puedo evitarlo y creeme
que no quería que salieran estos sentimientos, pero contra ellos nada se puede hacer.
Llegaste y pusiste mi mundo de cabeza, me hiciste cambiar la percepción que tenía de las cosas.

Es difícil describir como una mirada tuya, basta para que sienta vértigo debajo de mis pies y mi ánimo se mantenga durante el resto del día.
Tienes un poder que verdaderamente no me puedo explicar y tampoco estoy seguro de querer encontrarle algún sentido.
A veces, siento un temor de que descubras mis sentimientos; en cambio otras, me dan ganas de ir corriendo hacia ti solo para decírtelo lo más fuerte que pueda. Como en este momento en el que lo hago con palabras.
Estas letras no pueden ni acercarse a expresar en palabras lo que provocas dentro de mí.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Prefiero una soledad digna a una compañía de egoísmos











Prefiero una soledad digna a una compañía de egoísmos

Debemos aprender a estar cómodos con nosotros mismo y a ser capaces de disfrutar de nuestros momentos de soledad para no tener que recurrir a compañías a cualquier precio.
Cuando hablamos de soledad, son muchos lo que no pueden evitar pensar, casi al instante, en una sensación de tristeza y fracaso personal.
La soledad es un concepto que debería ser reformulado en nuestra sociedad y que, de algún modo, también debería enfocarse en su parte más positiva a nivel educativo.

Porque, en realidad, la soledad es también la compañía de uno mismo, y si uno no está bien con sus pensamientos, aceptándose tal y como es en plenitud, entonces desarrollará un vacío en su corazón que otros deberán cubrir.
Y si hay algo que todos nosotros llegamos a descubrir en algún momento es que siempre es mejor estar bien con nosotros mismos que compartir vida con alguien que, en realidad, nos demuestra que la peor soledad es la que nos ofrecen los demás aun estando a nuestro lado.


La soledad es también un pacto de bienestar con nosotros mismos
Es necesario comprender también el lado positivo de algunos términos asociados culturalmente a lo negativo, a lo que todos deberíamos evitar, como es el caso de la soledad.
Debemos entender, en primer lugar, que el ser humano es esencialmente un ser solitario. Nacemos y morimos en soledad, el proceso que hay en el medio se llama vida, y es algo que debemos experimentar con la máxima intensidad.

La soledad es el espacio del alma. Son instantes en los que nos permitimos hablar con nosotros mismos, atendernos, comprendernos…
Quien busca casi de forma desesperada la compañía de otros, sea quien sea, teme en realidad escuchar su voz interior. Tal vez porque tiene aún demasiados miedos, demasiados vacíos no resueltos que alivia cobijándose en los demás.




Algo que debemos tener claro es que, en ocasiones, la peor soledad es la que nos aportan otros: una familia que no nos atiende como debe, una pareja que no escucha, que no se preocupa, que solo se prioriza a sí misma…
Tal y como te hemos señalado al inicio, la soledad saludable es también una dimensión que deberíamos saber trasmitir a los niños para que la entiendan, para que no la vean como algo negativo.

Muchos niños desarrollan el juego simbólico en soledad, imaginando, construyendo escenas, sacando conclusiones, pensando y conociéndose a sí mismos. Son espacios para la reflexión personal que los ayudará a madurar.
No se trata de dejarlos “solos”, sino de propiciar instantes “supervisados” en que puedan pensar, relajarse mediante el dibujo o el juego.

Todo ello les generará comodidad y no una alta dependencia hacia nosotros. Un niño seguro, con una buena autoestima, no teme sus instantes de soledad y entiende que puede disfrutar estando con los demás, o bien estando solo en algún rato del día.
Un aspecto del que se suelen quejar muchas personas respecto a sus parejas, es que aun compartiendo casa y espacios con la persona que aman, se sienten solos. Y ello puede ser algo devastador.




Una relación afectiva nos hace tener muchas expectativas:

Buscamos un compañero o compañera con quien compartir pensamientos, emociones y esas experiencias cotidianas que edifican una vida en común.
Hacer pareja es tenerse en cuenta el uno al otro, preocuparse, atenderse, comunicar opiniones, decisiones…
Es contar con alguien que sabemos que nos va a apoyar y respetar. Que nos tiene en cuenta.
Si esto no se cumple, no estamos ante una relación saludable, ni mucho menos feliz. Lo que tenemos son decepciones y una clara sensación de soledad.

Nunca inicies una relación de pareja para huir de la soledad
Este es un principio esencial que todos deberíamos interiorizar, y no solo por respeto a nosotros mismos, también por respeto a los demás.

Hay personas inmaduras que temen a la soledad porque ello supone estar consigo mismas, un espacio propio que no ven con comodidad y que les asusta.
Son personas con una autoestima muy baja que construyen relaciones muy dependientes y con una gran necesidad de control.
Quien teme a la soledad teme, ante todo, ser abandonado. Y ello implica establecer estrategias de manipulación o chantaje.




No lo permitas. No te dejes llevar por este tipo de relaciones donde una persona te busca solo para huir de su soledad.
Tampoco debemos ser nosotros quienes lleguemos a hacer lo mismo. Es importante mantener la dignidad, y ante todo pensar que también hay felicidad estando solos, porque estar solo no significa estar aislados. Dispones de amigos, de familia, de personas que te son significativas.

No obstante, la persona que siempre debe ser significativa para ti eres tú mismo. Tú eres el amor de tu vida, y decirlo, pensarlo, no es un acto de egoísmo, sino de reconocer que debemos cuidarnos, atendernos.
Porque si tú no estás bien, si tú no eres feliz con lo que tienes y lo que sientes, nunca serás capaz de ofrecer una felicidad auténtica a quienes te rodean. No vale la pena.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Mereces un amor

















Mereces un amor que te quiera despeinada,
con todo y las razones que te lavantan deprisa,
con todo y los demonios que no te dejan dormir.
Mereces un amor que te haga sentir segura,
que pueda comerse el mundo si camina de tu mano,
que sienta que tus brazos van perfectos con su piel.
Mereces un amor que quiera bailar contigo,
que visite el paraíso cada vez que mira tus ojos,
y que no se aburra nunca de leer tus expresiones.
Mereces un amor que te escuche cuando cantas,
que te traiga la ilusión,
el aroma del café por la mañana recién echo
y la poesía.
Mereces un amor así.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Hoy he soñado contigo.









Hoy he soñado contigo.
Depues de mucho tiempo sin vernos, por fin accedes a venir a mi casa desde que te fuiste de mi lado.
Ya lo tengo todo preparado, la comida era para dos amigos que se reencuentran despues de mucho tiempo, no quise hacer una comida romántica para que no te sintieras incómoda.
Como aperitivo comencemos con una copa de vino para charlar de nuestras vidas y romper un poco el hielo, todo era perfecto, nos reíamos de nuestras tonterías, también nos venían recuerdos del pasado, pero tanto tu como yo nos invadió la melancolía.



Después de un par de copas de vino comenzamos a comer, seguimos bebiendo y riendo, todo marcha fabulosamente bien, después del postre nos tomamos el café sentados en el sofá, sigue la tertulia entre los dos, pero en esta ocasión algo más calmados, terminamos el café y te sirvo una copa de licor, en ése  momento te pido que me dejes abrazarte, a lo que no dudas ni un segundo en poner tu espalda contra mi pecho para que pueda rodearte con mis brazos, los dos bajamos el tono de nuestras voces y hay más silencios entre frase y frase, de tanto en tanto puedo escuchar un suspiro por tu parte.


Mis manos, que las tenía a la altura de tu cintura las voy subiendo muy tímidamente hacia tu pecho, tu me dices que eso está mal, pero no haces nada por quitarlas,  a lo que tus suspiros son más
profundos y de placer, aunque sabes que eso no está bien, no quieres que pare.
Mientras que te voy apretando un pecho con una mano voy bajando la otra para meterla bajo tus bragas, tu me dices que no lo haga pero al mismo, tiempo te estremeces, te introduzco mis dedos y te
noto que estás húmeda,  te acaricio muy suave, ahora te ves que ya no puedes hacer nada porque tu deseo es superior a cualquier cosa.


Te quitas los pantalones muy enérgicamente para que pueda meterte los dedos bien adentro mientras que te voy apretando el pezón con suavidad, busco tu boca con la mía, te estas retrocediendo de placer tu único pensamiento está en lo que te estoy haciendo y en lo próximo que está por venir.
No pudiendo aguantar más te quitas la poca ropa que te queda para entregarte por completo a mi y para dejar que te haga todas las cosas que se me pasen por la cabeza.


Completamente desnuda, te tumbo en el sofá con los pies  encima del apoya- brazos para poder pasarte la lengua y darte el mayor de los placeres con mi boca, estás apretando con fuerza mi cabeza contra ti para sentir mas placer, te retuerces  en el sofá porque te viene tu primer orgasmo, mientras estás llegando al final... tu cuerpo se estremece y te entran temblores por el placer que te he dado con mi lengua.


Han pasado unos minutos y aún estas con los pies encima del apoya-brazos del sofa, intentando asimilar el orgasmo que hace poco has tenido, y sin darte cuenta te pongo a cuatro patas introduciéndote por detrás, aún noto que estas mojada lo que me resulta fácil introducirla, te introduzco sólo la mitad y voy moviendome poco a poco.
Comienzas a sentir placer de nuevo, tu empujas hacia mi para sentirla toda, veo como estas poniendo tu boca en uno de los cojines del sofá para silenciar tus gemidos, mi ritmo es ya mucho más fuerte y acelerado hasta que te provoco otro orgasmo, cayendo agotada encima del sofá sin poder aguantar más.



Tus dos orgasmos han dejado huella en mi sofá dejándolo todo mojado, estás empapada en sudor, tus mejillas se han sonrojado y tu respiración es larga y pausada.
Estas tumbada boca abajo en el sofa, te doy la vuelta muy despacio para poder acariciar tu piel.
Me tumbo encima tuyo para notar tu cuerpo entero que aún está sudado... y vuelvo a
introducirte....ahora es mi turno ahora quiero disfrutar yo y seguir haciéndote todo tipo de cosas,a la que tu te vuelves a correr.


Hoy he soñado contigo, me levanto de la cama me preparo el café y salgo a tomarlo al jardín como todas las mañanas,  sentado en la silla recordando mi maravilloso sueño...  te veo aparecer por mi jardín y esta vez no es un sueño

SI TE GUSTÓ COMPARTE


jueves, 26 de noviembre de 2015

No tenéis ni idea










No tenéis ni idea… porque descansáis muy bien bajo cálidas sábanas y un hogar climatizado, sabiendo que vuestro trabajo os espera al día siguiente.
No tenéis ni idea de dormir con incertidumbre. La duda de si mañana suena el teléfono, o llega un email con esa oferta, o un conocido te avisa de un empleo.
No tenéis ni idea de pasar el día con el estómago vacío, ponerte cinco pares de guantes o cruzar los pies uno sobre otro muy rápido para evitar el frío.
Vosotros, que disfrutáis de amplios menús a la carta, no tenéis ni idea de abrir una despensa y que esté casi vacía. Que tengáis que repetir comida o, peor aún, ir a pedirla.  Ni idea de cómo hablar con el banco para que te elimine sus cláusulas abusivas. De preocuparse porque te corten la luz o el agua. De pensar qué te llevarías de casa si al final te desahucian. O de inventar falsas aventuras ante tus hijos para aparentar otra realidad, o excusas flojas a tus padres para que no sospechen tu ruina.
No tenéis ni idea de luchar con la angustia de si atenderán a tu madre o hijo en el hospital sin que el recorte de turno les afecte. De afrontar enfermedades con fármacos excluidos que sólo vosotros podéis pagar. No tenéis ni idea de no poder caer enfermo porque no puedes permitírtelo. Ni de retrasar controles de salud ante una racha de trabajo (aunque no dé ni para el autónomo) porque sabes que no es tiempo ni de cuidarse. O de sentir en la nuca la mirada reprobatoria de un jefe, en cuyos ojos adivinas que ante tu mínimo descuido tiene a millones detrás para tu puesto.



No tenéis ni idea de ver la indiferencia en el rostro del otro, ni de sentirse un número en la cola del paro. De pellizcarte ante el espejo para asumir que es cierto lo que estás viviendo. De pensar en el incierto futuro o en la vejez, sabiendo que no has cotizado lo suficiente. O de cavilar si, de seguir así, te llegará el dinero para pagar tus muertos, de si tendrás tumba o unas flores que te honren.
No tenéis ni idea de cuando el cuerpo se queda engarrotado porque pasas horas y horas de trabajo sin descanso, sin complementarlas con vuestras sesiones de spa y masajes inalcanzables para el resto. Ni idea de dejar de estudiar, ni de anular becas, ni estancias en centros de renombre. De cruzar los dedos por si la suerte y la supuesta igualdad de oportunidades hacen un milagro en tus esperanzas.
No tenéis ni idea de anular sueños y viajes. De ver en los escaparates lienzos y botes de pinturas que te encantaría utilizar salvo que te lo niegas, porque en ese gasto ves el pan de una semana. Ni de cuando destierras esa cultura que alimenta. Esa película. Ese libro. Esa obra de teatro.
Tampoco tenéis idea del valor de nuestro cielo, mar y montaña; nuestro único refugio para el desconsuelo. Quizás por eso sólo veis en ellos un espacio de especulación y dinero.
No tenéis ni idea de aceptar cuando te hacen trabajar gratis. De que te pisoteen, de vivir con la soga al cuello y al borde del precipicio. De hacer sumas y restas para cuadrar las cuentas. De bajar la cabeza cuando tus amigos te invitan porque tú no puedes. De saber cómo el amor salta por la ventana cuando llega la pobreza. Ni de la impotencia de no dar a tu madre lo que necesite cuando lucha y proporcionarle dignidad en la enfermedad. De estar en paro y que la muerte pise los talones. De enterrar a tus muertos mientras tu vida carece de motivaciones e ilusiones, sin poder ya desahogarte con ellos de tus angustias y preocupaciones.



No tenéis ni idea de lo que es dormir con la sensación de no estar a la altura de lo que esperaban de ti. De pensar si los tuyos han dejado de sentirse orgullosos, porque ya no eres lo de antes. Ni idea de que el corazón te trote cuando ves que te pagan por tu trabajo. Ni de la rabia que sientes justo después, cuando te ves llorando porque te pagan, porque la norma y el derecho lo convertís en excepcional.
Si ni siquiera tenéis idea de esto es imposible que sintáis dolor o remordimientos por quienes mueren en el mar, escapan de las bombas o trabajan explotados sin dignidad. De los que viajan en pateras frente a vuestros coches y aviones privados y de quienes duermen al frío, rodeados de basura y maleza, a pies de fronteras cerradas. De quienes pagan el precio a morir por sobrevivir.
Cuando digo que no tenéis ni idea, es que no tenéis ni idea de SENTIR, porque no lo padecéis. No tenéis idea de qué es sentir la humillación, el desaire, la ofensa o la vergüenza, el desprecio y el bochorno, la altivez y la arrogancia, la altanería y la soberbia. No lo sabéis. De la misma manera que yo desconozco cómo vivir con vuestro grado de codicia, ambición, rapacidad y usura.
Lo dedico a los gobernantes de falsas promesas, a los ricos con su avaricia sin final y a quienes los aplauden. A esos que creen que su maldad y pecados se solucionan en misa de domingo y en obras de caridad. Aquellos que sí sabéis planificar vuestro plan a la perfección para que nada falle. Aunque eso implique que la mitad de la gente pierda su conciencia y otros os la vendan sin carga ni remordimientos. De lo único que tenéis idea es de destruir la vida de la gente para mejorar la vuestra. Está demostrado, con vuestros hechos, que de eso sí sabéis más que nadie.
SI TE GUSTÓ COMPARTE

Querida Mia










Querida Mia

Decir que te amo se me queda pequeño, alguien debería inventar nuevas palabras para definir mis sentimientos de entrega, de devoción, de admiración, de necesitarte cada segundo.

Eso siento y más... Te digo que te amo, pero ya lo sabes, quizás de tanto repetirlo se desvirtúan las palabras, pero no, cada vez que te lo digo es porque mi amor por ti ha aumentado.

Quiero que lo sepas, no te amo en pasado, no te amo en presente ni te amo en futuro, es un amor sin tiempo, tampoco tiene distancias, es simplemente amor puro, cargado de ilusiones, lleno de promesas que no deben cumplirse porque ya se cumplieron todas al conocerte.


Te amo, como dos palabras que forman una sonrisa en tus labios, como dos cielos llenos de colores reflejados en tus ojos, como dos palabras infinitas que no deben dejar de sentirse.

Amarte en realidad es un premio, desconozco si te merezco, al menos lucho por merecerte, pero es un premio, es un regalo que cualquier persona debería recibir, pero que sólo tengo yo.

Por dejarme amarte te doy las gracias y te ofrezco mil años de amor que condenso en este beso que te entrego desde el fondo de mí mismo.

Te amo.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

El día que me volví invisible


















No sé ni en qué día estamos.
En esta casa no hay calendarios, y en mi memoria los días están hechos una maraña. Me acuerdo de esos calendarios grandes, unos primores, ilustrados con imágenes de los santos que colgábamos al lado del tocador...
Ya no hay nada de eso, todas las cosas antiguas han ido desapareciendo.
Y yo, yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta.
Primero me cambiaron de cuarto, pues la familia creció. Después me pasaron a otra más pequeña aún, acompañada de una de mis biznietas. Ahora ocupo el cuarto de los trebejos, el que está en el patio de atrás.
Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvidó, y todas las noches por allí se cuela un airecito helado que aumenta mis dolores reumáticos.
Desde hace mucho tiempo tenía intenciones de escribir, pero me he pasado semanas buscando una pluma, y cuando al fin la encontraba, yo misma volvía a olvidar en dónde la había puesto.
A mis años, las cosas se pierden fácilmente, claro que es una enfermedad de ellas, de las cosas, porque yo estoy segura de tenerlas, pero siempre se desaparecen.



La otra tarde caí en la cuenta de que también mi voz ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos, no me contestan. Todos conversan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos, escuchando atenta lo que dicen.
A veces intervengo en la conversación, segura de que lo que voy a decirles no se le ha ocurrido a ninguno y que les van a servir de mucho mis consejos, pero no me oyen, no me miran, no me responden. Entonces, llena de tristeza, me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar la taza de café. Lo hago así de repente, para que comprendan que estoy enojada, para que se den cuenta de que me han ofendido y vengan a buscarme y me pidan disculpas.
Pero nadie viene.
El otro día les dije que cuando muriera entonces sí que me iban a extrañar. El niño más pequeño dijo: “¿Ah... es que tú estás viva, abuela?”. Les cayó tan en gracia que no paraban de reír. Tres días estuve llorando en mi cuarto, hasta que una mañana entró unos de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio.
Fue entonces cuando me convencí de que soy invisible.
Me paro en medio de la sala para ver si aunque sea estorbo, pero mi hija sigue barriendo sin tocarme. Los niños corren a mi alrededor, de un lado al otro, sin tropezar conmigo.
Cuando mi yerno se enfermó, tuve la oportunidad de serle útil: le llevé un té especial que yo misma preparé. Se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara. Sólo que estaba viendo la televisión y ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia. El té, poco a poco se fue enfriando. Mi corazón también.
Un viernes se alborotaron los niños y me vinieron a decir que al día siguiente nos iríamos todos de día de campo. Me puse muy contenta ¡Hacía tantos años que no salía, y menos al campo! Entonces el sábado fui la primera en levantarme. Quise arreglar mis cosas así que me tomé mi tiempo para no retrasarlos.
Al rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban bolsas y juguetes al coche. Yo ya estaba lista y, muy alegre, me paré en el zaguán a esperarlos. Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en el bullicio, comprendí que yo no estaba invitada, tal vez porque no cabía en el coche o porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a gusto por el bosque.
Sentí clarito cómo mi corazón se encogió. La barbilla me temblaba como cuando uno ya no aguanta las ganas de llorar.
Vivo con mi familia y cada día me hago más vieja, pero cosa curiosa, ya no cumplo años.
Nadie me lo recuerda. Todos están tan ocupados. Yo los entiendo, ellos sí hacen cosas importantes. Ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Yo ya no sé a qué saben los besos. Antes besuqueaba a los chiquitos, era un gusto enorme el que daba tenerlos en mis brazos como si fuesen míos. Sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que nunca creía recordar...



Pero un día mi nieta, que acababa de tener a su bebé, dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños, por cuestiones de salud.
Ya no me les acerqué más, no fuera ser que les pasara algo malo a causa de mis imprudencias. ¡Tengo tanto miedo de contrariarlos!
Ojalá que el día de mañana, cuando ellos lleguen a viejos... Sigan teniendo esa unión entre ellos para que no sientan el frío ni los desaires.
Que tengan la suficiente inteligencia para aceptar que sus vidas ya no cuentan, como me lo piden.
Y Dios quiera que no se conviertan en "viejos sentimentales que todavía quieren llamar la atención".
Y que sus hijos no los hagan sentir como bultos para que el día de mañana no tengan que morirse estando muertos desde antes... como yo.


lunes, 23 de noviembre de 2015

Desde el dolor















Desde el dolor

¿recuerdas lo que fuimos juntos? ¿recuerdas lo mucho que nos necesitábamos y lo felices que éramos? ¿recuerdas la primera vez que me dijiste que me querías? Creo que nunca en la vida me había sentido tan nervioso aún sabiendo de sobras que solo podía decir una cosa ante eso; yo también. Recuerdo lo nervioso que me puse al oírtelo decir por primera vez, porque muy en el fondo lo sabía pero a veces las personas necesitamos oírlo, necesitamos que nos lo demuestren por miedo a que llegue el día en el que ya no lo sientas.

Era mi jodida canción favorita el oírte decir que me querías, si pudiera a estas alturas me la seguiría poniendo en modo repetición para no olvidarla pero la putada es que ya no estás aquí para cantármela otra vez.
Han pasado los meses y... joder, hay heridas que todavía duelen. Y duelen porque no tengo el valor de dejar de escribirte; siempre me repito "deja esta mierda ya" o "no escribas nunca más porque sabes lo que luego vendrá" pero es mi forma de dejar escrito en algún momento de mi vida lo mucho que me llegaste a hacerme sentir.
Y mira que ya te he escrito, pero cada día tengo muchas más cosas que decirte; como por ejemplo; qué coño has hecho para irte y dejarme aquí con los recuerdos? cómo por qué te fuiste así sin más solo por miedo cuando ahora nada te acojona, por qué ni siquiera pudiste intentarlo cuando ahora luchas por todo aquello que se te pone delante, por qué cojones pudiste irte como si realmente no te doliera ni una mínima parte de lo que a mi me sigue doliendo. ¿Por qué?




Supongo que hay preguntas sin respuesta aunque muy en el fondo me gustaría tenerlas.

¿Recuerdas la de veces que siempre volvíamos a hablar? Porque siempre encontrabas la forma de irte y buscabamos alguna excusa barata para poder volver y que yo te dejara, pero lo que no sabes es que no necesitabas ninguna; me mirabas y todo cobraba sentido, ¿cómo iba a dejarte fuera de mi vida si siempre volvías? Así de enamorado estoy, ¿es que no lo veías?
Y lo que me fastidia aún más es el ver y el saber que has seguido adelante sin mi cuando hace meses me decías que querías un para siempre. Y yo me lo creía, ¿cómo no iba a hacerlo? Lo decías tú.

Recuerdo, también, que una vez alguien me dijo que si me enamoraba de alguien al que escribía, nunca moriría; lo que no me dijo es qué era lo que pasaba cuando esa persona que te escribe, empezaba a escribir a otra. Eso te destroza por dentro, acaba contigo y arrasa todo a su paso sin importar cómo acabes. Pero supongo que en parte tenía razón; porque yo escribo o mejor dicho, le escribo y sé que una parte de mi siempre lo hará y eso hará que nunca muera porque no estoy preparado para dejarle morir y eso, eso sí que es una putada.
El sentir que no puedes dejar ir algo que te hace daño porque tú, así de tonto, albergas esa esperanza de que las cosas vuelvan a ser lo que eran. Pero ni fuimos, ni seremos y no sé lo que me duele más; si ser de aquellos que esperan algo que no llega o de los que finge seguir cuando ni siquiera tienen ganas, que fingen que todo está bien y que tarde o temprano llegará alguien que te quiera.




Y una mierda.

Porque en esos momentos lo único que quieres es que vuelva quién no vuelve pero mientras te engañas diciendo que todo pasará, que las cosas mejorarán y que tú serás el mismo que eras antes de conocerle pero han pasado tantos meses que ya ni recuerdas como eras. Que ya no sabes ni cómo era tu vida antes de esa persona y una parte de ti no quiere ni volver a ella porque sabe que cuando realmente eras tú era con ella. Y ya no está, ni fuisteis, ni sois, ni eres, ni volverás a ser.
Y eso, eso sí que es una verdadera putada.

SI TE GUSTÓ DALE A COMPARTIR




El amor no entiende de distancia.








El amor no entiende de distancia.

'otro día más en el que te despiertas, te das la vuelta en la cama y ves que él no está..  porque ha salido de tu vida.

coges el móvil esperando tener ese mensaje suyo en el teléfono, el típico...
'buenos días mi niña, que te vaya bien el día, hablamos cuando puedas, muuuuuak.' al acabar de leerlo sigues tumbada en la cama con una sonrisa que no te la quita nadie y a partir de ahí sabes que a gracias a ese mensaje, ese día será un buen día porque le sigues teniendo contigo.
Y así te levantas cada mañana, con ganas de comerte el mundo y lo que te venga encima, pero eso quizás dura solo unas horas porque después te paras a pensar lo mucho que necesitas tenerlo cerca pero no puedes...
Y lo jodido que es llegar a casa con ganas de verle y contarle como te ha ido el día para después pasarte horas abrazada a él ves que no puedes.

Y las noches que te pasas llorando porque no lo tienes aquí. Pero todo esto él no lo sabe, quieres que crea que eres fuerte, que puedes con esto y que no te rindes porque le quieres, y lo intentas, de verdad que lo intentas pero es muy difícil no acordarte ni como huele, ni como besa, ni como te abraza pero sobretodo es difícil no saber si al tenerle justo delante seguirás sintiendo lo mismo que lo que sentías a través de esa pantallita del teléfono






Nunca creías poder enamorarte de alguien así de esa manera, ¿no? ahora lo ves como un imposible, y mírate como estás, echándole de menos por todos los rincones aún teniéndolo en tu vida, no lo tienes.
Y lo único que te queda es pasarte todos los días deseando poder verle, porque sabes que un día más con él, es un día menos para verle, aun sin saber cuando, aun sin saber si le verás, si le tendrás, si le seguirás queriendo.

Los dos os prometéis ser fuertes, por encima de todo intentáis mantener esa promesa, y en ese tiempo os vais sacando sonrisas, lloráis, os seguís queriendo, peleáis, os sacáis de quicio, pero siempre juntos.
Aun sin poder abrazaros, besaros..queréis creer que ya tendréis tiempo para ello, que ya llegará el día en que no daréis ni un respiro de los besos que os dais, que os besaréis tanto para hacerle la competencia a todos esos segundos que habéis estado el uno sin el otro.

El amor no entiende de distancia y por eso sigues queriéndole, aguantando cada mañana el despertarte y no tenerle porque crees que aunque este sea un tipo de amor que en ocasiones duela, crees que merece la pena, que él la merece. Por mucho que le digas a tu corazón que no le quiera porque no se puede, éste muchas veces no te hace caso y aun así te acabas enamorando de quién menos debes, no porque sea un cabrón sino porque sabes que es un amor con dolor, y aun sabiendo que no estás preparada para ello, te arriesgas y te enamoras, porque en ese momento te importa una mierda todo, porque al menos lo tienes en tu vida y harás lo que sea para que siga en ella el resto de la tuya.' Aunque sabes que en el fondo no podrás estar con el porque hay algo que te lo impide.
Pregúntate...¿que tienes?



Tenemos que hablar













Dijiste — “tenemos que hablar”,
Te vi llegar a mi casa con el rostro apagado,
sólo mis ojos podían ver y leer lo que tratabas de decir.


Mientras, mis manos cogían las tuyas
tratando de llevar tu conversación. 
Mas no sabía que con cada palabra que decías, 
mis sueños se iban desvaneciendo 
como la bruma al amanecer.



Me dijiste que te ibas, 
las lágrimas caían por mi cara,
mis manos, se soltaron de las tuyas
sólo veía el adiós que venía.








Me dijiste "yo te amo, mas no puedo seguir así"
-yo callaba, mi corazón se desgarraba 
en cada palabra que escuchaba salir de tu boca. 


Ahora esta distancia destruyó mis ilusiones:
Con tu amor, cariño, y promesas de amor que no se cumplirán jamás, 
y que me llegaste a hacer creer que todo lo intangible podía ser posible.





Ya ves, estamos aquí, frente a frente, 
sin poder mirarnos, 
sólo el sentimiento que nos une 
crea un vínculo que sólo tú y yo 
podemos llegar a palpar...


Ahora con mis manos empapadas por mis lágrimas, sólo podía mirar 
cómo te alejabas para siempre de mi lado.
Incapaz de retenerte, 
intentando de decirte que no te marches...
comprendiendo que todo era un sueño con un triste final.


Tú seguramente no mirarás atrás
puede que no parpadees al recordar esa efímera 
vida que un día soñamos alcanzar.
Así, en cada espacio que has ido creando con tu adiós inesperado
has matado poco a poco mi alma.




sábado, 21 de noviembre de 2015

Relación de pareja











¿A que le dais mas importancia en una relación de pareja?

En ocasiones encontramos a alguien que nos sorprende con restaurantes todos los fines de semana,
que nos sorprende con un gran ramo de flores, cine, teatros, conciertos, noches de hotel. Menuda pasada
¿quien no ha soñado con algo así?
Yo mismo he soñado con todo eso, pero una vez que lo tienes todo tan a mano,... ¿le das la misma importancia a las cosas?

Pero esa persona que nos sorprende de esa manera, ¿ nos conoce realmente? ¿sabe los pequeños detalles que nos hace felices realmente?
Esas pequeñas cosas de nuestra vida cotidiana que son las que realmente nos llena, y que por creer que lo puede tener casi todo a su alcance ya puede hacer feliz a la persona que tiene a su lado, pasando por alto detalles pequeños... detalles como por ejemplo...
En que lado del cuerpo te cuelgas el bolso,  llevarte el desayuno a la cama, preparar con tus propias manos una cena o comida romántica y nada de comprar comida preparada no eso no.... un día cualquiera sin venir a cuento regalar UNA rosa, saber que piensas sin decir ni una sola palabra o lo que puede estar pensando, jugar como dos niños solo para sacarle una sonrisa, tener la suerte de oír...me han dicho que parezco mas joven desde que estoy contigo, tener la fortuna de poder encontrarle tu y solo tu las cosquillas...., y si también alguna vez hay cine o restaurantes, paseos por la playa....etc

Pero en mi opinión creo que se puede complacer conociendo las pequeñas cosas de la otra persona, y hacerla feliz por ahí, no digo que lo anterior que he mencionado esté mal, pero si tomamos la iniciativa en todo, ¿en que lugar queda la otra persona?
si decido sorprenderla en restaurantes todas o casi todas las semanas, ¿no puede cansar eso también? ¿y si a la otra persona le apetece quedarse en casa comiendo cualquier cosa y pasar una tarde en el sofá viendo películas por la tele? o que le apetezca cualquier otra cosa lo que sea, y no lo dice por que no se moleste la persona que tiene a su lado o por que no le siente bien el echo de quedarse en casa cuando ya ha reservado mesa en un restaurante...

¿si voy tomando yo la iniciativa de todo, no terminara por cansarse la persona a la que quiero sorprender?...

Creo firmemente que para saber el valor de las cosas y para saber que persona tienes a tu lado, hay que luchar duramente todos los días, solo así sabes que valor tienen las cosas y solo así sabes que persona tienes a tu lado.

Pero como se suele decir...para gustos los colores.

¿Ahora que quieres tu?







Hay un traje que se amolda a todos los cuerpos: el abrazo













Hay un traje que se amolda a todos los cuerpos: el abrazo

A veces solo hace falta un abrazo de la persona adecuada y el estrés y los miedos desaparecen. De hecho, es habitual que sintamos esa necesidad de calidez, sinceridad y apoyo que lo abrazos nos transmiten en ciertos momentos.
Digamos que cuando abrazamos a alguien dejamos claro que estamos cerca para apoyarles y de manera incondicional. Fundirse en un profundo abrazo con cualquiera que esté cerca no cambiará, tal vez, el individualismo de este mundo. Sin embargo, sí que quedará impreso para siempre en un lugar más allá de nuestra soledad.













La distancia nos impide los abrazos, no los sentimientos

En este sentido tienen un gran inconveniente, y es que la distancia física nos  impide llevarlos a cabo. Sin embargo, los abrazos se pueden dar de otras maneras a través de la distancia, alcanzando a su vez el mismo poder sanador.
Podemos conversar y apoyar a los demás de tal manera que cuidemos de su espíritu.No obstante, hay personas que son incapaces de abrazar o de disfrutar de los abrazos.
Esto se explica a partir de las murallas que nos autoimponemos, a través de las cuales rehuimos el contacto con los demás por miedo a que nos dañen o a incomodar.Realmente la sociedad de hoy castiga las muestras de afecto en ciertas circunstancias y por ciertas personas, lo que está generando que haya una multitud de personas con corazas que piensan que es lo mejor.
Sin embargo, la realidad es que el ser humano sin afecto no consigue sobrevivir y, si lo hace, su calidad de vida se encuentra mermada. Cultivarnos de manera plena significa atender todo tipo de necesidades, no ocultarlas.












Elimina tus corazas

Para deshacernos de nuestras máscaras es importante que alcancemos ciertas habilidades:
  • El autoconocimiento. Analiza tus inquietudes y tus sentimientos hasta que te sientas cómodo o cómoda y no te relaciones en base a la desconfianza.
  • Gestiona tus sentimientos y emociones. Ni el mundo está contra ti ni tus emociones intentan hacerte daño. Expresa tus emociones en el momento adecuado y de la manera adecuada. De esta manera lograrás que no se enquisten y que no te dañen.
  • Reflexiona sobre tus corazas. Es probable que en un tiempo pasado fuesen útiles, pero puede que ya no lo sean. Por eso, aunque te protejan de peligros reales, no les permitas que te impidan ver lo bonito de la vida.

Ama cada día y trabaja tu espiritualidad

Rodear a los demás con nuestro amor no solo les aporta calidez a ellos, sino a nosotros y a todas las personas que nos acompañan. Cuando las personas que apreciamos se van, solemos pensar que debíamos haberles dado más abrazos, haber pasado más tiempo con ellas y haberles dicho todo lo que las queríamos.
De todas formas, no solo es importante trabajar los vínculos con los demás de manera diaria, sino que también es esencial hacerlo con nosotros mismos. Mente y cuerpo se unen con nuestras emociones y,  a través de ellas, nos unimos con los demás. He ahí la importancia de no descuidar este aspecto tan esencial para la vida.
No esperemos a que la vida nos separe para amar, sonreír y abrazar a nuestros seres queridos cada día.

Te necesito...para amarte












Te necesito...para amarte





Mi amor, aunque a mi corazón le embargue la pena por esta lejanía nuestra, no me hagas mucho caso si mis letras de hoy te parecen más melancólicas: Sólo es la pena que siento por la distancia que separa nuestros cuerpos, no nuestro corazón.


Muchas veces me despierto pensando en el día que pueda decirte todo lo que tengo en mi ser, muchas cosas han quedado ahogándose en mi garganta a fin de no entristecer tu vida; pero un día como hoy sí quiero decirte lo mucho que te extraño, que los días se me hacen más largos de lo normal… pero eso es porque cada día me haces más falta, te necesito más, me gustaría recostarme en tus brazos, y decirte todas estas cosas que guardo para mí, y que sólo tú debes oír.
Pero a la soledad le digo que no, que no me puede vencer, pues este amor es fuerte, verdadero y hermoso, siempre me da bellas palabras para ti, para que nunca te falten mis cartas. A ti que eres dueña de mis letras y mi corazón, no puedo negarte una carta llena de amor porque te mereces eso y mucho más.






Hoy me daba cuenta que llegarán lluvias, y en alguna ocasión se verá lluvia y sol entremezclarse, porque estamos en cambios de estaciones, cambios de la luna y sol… ¿Te das cuenta mi amada, que todo va cambiando, que todo se mueve? Así es nuestro amor que no sabe de cambios, sólo acepta las estaciones como algo normal. No estés triste, pues nuestro amor está por encima de todo eso, qué importa amor mío, si todos se van… pues siempre quedas tú, y qué importa que no haya más lugares a donde ir… si tú sigues a mi lado. Lo importante, es que siempre, en todo momento, pese a la distancia, nos tenemos el uno al otro.




Te amo
y te extraño tanto…

Saber que lees mis cartas es lo único que hace que mi soledad no sea más cruel de lo que ya es. Pero llegará el día en el que ya no haya necesidad de hacerlo así, porque nos podremos abrazar y entregar todo el amor que por tanto tiempo ha estado retenido.
Estás en mí, como yo vivo en ti, y así es de bello este amor: desde que te conozco vives dentro de mí. En mi corazón hiciste tu morada, y es allí donde siempre te busco cuando te extraño tanto como lo hago hoy…
Te amo tanto y te extraño…
Desde mi rincón para ti,



viernes, 20 de noviembre de 2015

Me gustan los amigos que respetan tiempo, silencio y espacio










Me gustan los amigos que respetan tiempo, silencio y espacio


Mis mejores amigos apenas llegan a contarse con los dedos de una mano. Son pocos, pero son grandes, con sentimientos sinceros y sin dobles sentidos. Es una amistad cómplice, altruista, que no sabe de chantajes, que se ofrece con libertad para alentar, para hacer mi vida más rica…
¿Y tú, cuántos amigos tienes?

Hay quien se enorgullece de tener todo un ejército de amistades, nombres que coleccionar en las redes sociales, personas a las que apenas conocen, y que sin embargo, son esas que siempre les ofrecen un “like” en cada una de sus publicaciones.

Los buenos amigos no son sólo nombres y fotografías en las agendas de nuestros móviles. Son personas que atienden nuestras palabras y saben leer en nuestros gestos.

Son vidas que encajan con nuestras esquinas vacías, voces que llenan nuestros espacios en los malos y buenos momentos, son risas que relativizan problemas y personas con las que construir nuestros días.

Ahora bien… ¿cómo podríamos definir a los buenos amigos? No pienses en favores. La amistad no debe basarse solo en un “tú me das y yo te doy”. En ocasiones, más allá del apoyo, de la diversión o de la ayuda mutua, una buena amistad, una GRAN amistad, se basa también en el silencio, el espacio, y el tiempo.





Reflexionemos hoy sobre ello.


El lenguaje de los silencios

Seguro que te ha pasado alguna vez. Estar en una reunión con otras personas, y sentir verdadera incomodidad cuando aparece el silencio en el grupo.
Es entonces cuando surgen esos comentarios vacíos y huecos con los que aliviar el vacío de palabras, ahí donde se examinan los rostros sin saber muy bien qué hacer.



Es algo que no ocurre solo con desconocidos. Hay veces que sentimos esa misma incomodidad con algunos familiares o con compañeros de trabajo. Ahora bien… ¿a qué se debe?
En efecto: la desconfianza, a la vez que la inquietud. Es como si el silencio abriera las puertas a esos pensamientos callados que nos producen miedo… ¿me estará juzgando?, ¿qué estará pensando ahora de mi?
Con los buenos amigo esto no ocurre. Podríamos decir también, y a modo de reflexión, que las personas practicamos muy poco el valor del silencio.
Ahí donde las almas reposan tranquilas, donde la complicidad adquiere su auténtico sentido. Somos personas que no necesitamos de las palabras para estar unidas, para sentirnos bien. Los silencios son cómodos con las personas que queremos porque nos permitimos ser nosotros mismos con toda nuestra “autenticidad”, sin ser juzgados.






El silencio une corazones y relaja nuestras mentes

La inexistencia del tiempo…

“¿Pero qué es de tu vida…?, ¡parece que ya te has olvidado de todo el mundo, siempre vas a la tuya y no te acuerdas de los demás!“
Puede que alguna de tus amistades sea de este tipo. Has dejado pasar un día “de incomunicación” sin razón alguna, simplemente porque te apetecía o porque no te ves en la obligación de tener que estar en contacto a cada instante. Y al poco, aparecen los reproches.
Así es, hay quien no entiende este tipo de cosas. Hay quien piensa que la amistad es como un telediario “donde ponerse al día”, donde comunicar cada pocas horas qué hacemos, qué pensamos, o  “cómo existimos”.





Mundos

En el momento en que aparece la presión de la obligatoriedad, ya nos sentimos un poco asediados. Porque quien no respeta tiempos de privacidad e incluso de desconexión, es que no entiende el auténtico valor de la amistad.
Hay personas que por las razones que sean, laborales o personales, han estado distanciadas durante meses e incluso años, sin embargo, al reunirse de nuevo sigue existiendo esa mágica complicidad que tanto enciende nuestros corazones. Es como si el tiempo no hubiese pasado porque el sentimiento es el mismo.






¿Te ha ocurrido alguna vez?

Espacios propios, espacios comunes

Podríamos decir que el problema básico es que mucha gente no gestiona de modo adecuado la soledad, sus emociones, ni respeta los espacios personales.
Todos tenemos o hemos tenido, esas amistades que necesitaban estar en contacto a cada instante para compartir un pensamiento, un temor, una ansiedad… Y en efecto, nosotros lo dejábamos todo para atenderlos.
Poco a poco íbamos comprendiendo que esa persona disponía de una escasa habilidad para gestionar sus propios problemas, hasta el punto de proyectar en los demás sus miedos y su negatividad.
Y sin lugar a dudas, lo daremos todo por ellos, pero con un límite: que respeten nuestros espacios personales, nuestra identidad y nuestro equilibrio emocional.
Al fin y al cabo, las personas no tenemos por qué cargar con las piedras que otros se encuentran en sus propios caminos, de hacerlo, de unirlas a las nuestras propias, no será muy complicado avanzar en nuestros senderos vitales.
Las verdaderas amistades no deben ofrecer cargas ni ser tóxicas. Deben armonizar en nuestra vida como compañeros de viaje, como confidentes que saben respetar espacios, tiempo y silencios. Los buenos amigos siempre viven en el lado más auténtico de nuestro corazón.







Publi